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Uno de los más altos personajes espirituales surgirá a principios del Siglo XVII en Ágreda, pues en el año 1602 nacería en esta Villa María Coronel De Arana, hija de hidalgos "venidos a menos" a los que algunos investigadores atribuyen un origen judío-converso. Tan piadoso eran sus padres (Francisco Coronel y Catalina de Arana) que decidieron separarse para entrar en religión: el padre de Sor María ingresó como franciscano lego en el convento de Nalda en La Rioja, sus hermanos en distintas órdenes religiosas, y la madre con sus dos hijas en uno de franciscanas descalzas, fundado en la que había sido su casa.

 

En 1627 la ya Sor María de Jesús de Ágreda fundó otro monasterio de la misma orden, el de la Inmaculada Concepción de Ágreda, del que fue nombrada abadesa a los veinticuatro años de edad por dispensa papal, cargo que ostentaría hasta su muerte. Bajo su administración, el convento adquirió una gran prosperidad y reconocimiento espiritual, pues se convirtió en una de las comunidades franciscanas más fervientes de España.

 

A Sor María de Jesús de Ágreda se la considera una de las mejores escritoras místicas del barroco español, asegurándose que con sus escritos influyó en la corte del Rey Felipe IV.

 

En 1643 el rey Felipe IV fue a visitarla personalmente a su convento agredano del que sólo había salido en tres ocasiones, y lo mismo haría Carlos II en 1677 una docena de años después de su fallecimiento. De los veintidós años que duró su relación epistolar con el rey, se conservan muchas cartas de consejos para el ejercicio justo de la autoridad real. Su obra cumbre es La Ciudad mística de Dios, publicada después de su muerte, aunque sería prohibida su lectura por la Congregación de la Inquisición y por el Papa Inocente XI, pero a la postre resultó absuelta de las acusaciones.

 

Otras obras importantes de esta escritora mística fueron: Cartas a Felipe IV de España, Leyes de la Esposa conceptos y suspiros del corazón para alcanzar el último y verdadero fin del agrado del Esposo y Señor, Meditaciones de la pasión de nuestro Señor, Exercicios quotidianos y Escala Espiritual para subir a la perfección. Muchas de ella todavía en manuscritos se conservan en el convento de la Inmaculada Concepción de Ágreda, o en el monasterio franciscano de Quaracchi en Italia.

 

A Sor María de Jesús de Ágreda, el Papa Clemente X le concedió el calificativo de "Venerable", pues sus "muertes místicas" le hacían permanecer durante varias horas inmóvil e insensible, para seguidamente alcanzar el éxtasis que generalmente iba acompañado de arrobamientos y levitación. Según la tradición la Venerable tenía el don de la bilocación, (posibilidad de hallarse en dos lugares distintos al mismo tiempo), pues fue vista varias veces por los indio xumanas de la Baja California. Existiendo una crónica narrada por un misionero franciscano que se encontraba allí, fray Alonso de Benavides, que la vio predicando a los indios, con un vestido azul, es por ello que se la sigue llamando la Dama Azul. La Venerable Sor María de Jesús falleció a los 63 años en su convento de Ágreda (1665), y hoy en la capilla del convento del Inmaculada Concepción de Ágreda, puede verse su sepulcro y la urna de cristal donde se venera su cuerpo incorrupto.

 

"El reinar tanto tiene de peso como de grandeza, y el trono real no es asiento de descanso ni de retiro, sino de solicitud para el bien común de todos".

Aunque pueda parecernos mentira, uno de los lectores que tuvo la Venerable de Ágreda, fue a mediados del siglo XVIII el aventurero y libertino italiano Giovanni Giacomo Casanova (1725-1798), que pernoctó una noche en esta villa, pidiendo que le dejaran el libro de Sor María de Jesús de Ágreda, cuya fama había atravesado todas las fronteras y de él era conocido. Sólo en su cuarto el libertino consulta y lee los volúmenes de la "Mística Ciudad de Dios". Años después confesaría en sus licenciosas memorias (doce volúmenes en versión abreviada) que la lectura de los píos textos de la Venerable le depararon todo tipo de delirios místicos, hasta el punto de que creyó perder la razón. A mediados del siglo XVIII y según el Catastro del Marqués de la Ensenada, en Ágreda había instalados once molinos harineros de piedra, dos batanes de paño, un lavadero de lana, siete tenerías donde se curtían pieles para cordobanes, así como los viejos oficios de fabricantes de paños, tejedores, zapateros de nuevo, pasamaneros, boteros, botilleros, sombrereros, cereros, alfareros y cordoneros. Entre los siglos XIX y XX, la ciudad histórica de Ágreda sufre muchas transformaciones, llegando su casco urbano a superar el límite histórico de sus murallas, en lo que tendrán mucho que ver la llegada del ferrocarril (Soria-Castejón) (1929) y la nueva carretera, que alterarán sus primitivas vías de acceso.


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