Fiestas de San Miguel

El 28 de septiembre, víspera de San Miguel Arcángel patrón de Ágreda, se teatraliza en su calles una representación repleta de tradición y colorido. Se trata de la “quema de los diablillos”, una recreación de la vida de San Miguel, vencedor del demonio y por lo tanto del mal. Un grupo de señoras se encarga de todos los años de la confección de los “diablillos” y del demonio, este último siempre ricamente ataviado. Los trajes se hacen con telas, y se arman con alambre antes de vestirlos, colocándoles en su interior elementos pirotécnicos. Antes de prender la mecha, desde el balcón del Ayuntamiento, se lee el pregón de la fiesta, irónico en general, acorde con el momento que se esté viviendo. Al final del pregón se prende fuego a los representantes del mal, “los diablillos”, que colgados en mitad de la Plaza de San Miguel son “ejecutados” con fuego, mientras el ruido de la pólvora resuena por toda la plaza. Con ello se pretenden quemar las envidias, los malos humores, y los rencores acumulados a lo largo del año.

El 29 de septiembre dan comienzo las fiestas patronales de San Miguel, con encierros de reservas bravas desde la Plaza del Puente Caña hasta la del Mercadal, acompañadas de capeas, charangas y verbenas, pues en ellas se recoge la tradición taurina que, ya desde la Edad Media, tuvieron muchas de las festividades de esta villa soriana.


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